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En el congreso que tuvimos en septiembre pasado, el bueno de Francesco Careri, nos comentaba, en una deriva por Valencia, que la palmera es un árbol fascista. La palmera no ofrece cobijo ni resguardo. Facilita la actuación de las fuerzas de opresión, que tienen más visibilidad y campo abierto.

Yo añado, que además es un elemento absurdo en ciudades que se enfrentan a la crisis climática en el Mediterráneo, a pesar de que se ha convertido en un elemento estético identitario de estas culturas mediterráneas, hasta el punto de ser el logo de la marca turística del País Valencià. La palmera no produce ni un centímetro de sombra, no protege contra el sol de justicia de los largos veranos extremos del Mediterráneo del presente y deben ser substituidas de inmediato en todas las ciudades por grandes árboles de hoja abundante y que produzcan amplias sombras de protección y cobijo en el verano, creando espacios donde sea posible la vida en el infierno veraniego actual.

10-2-26

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